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August 30 URKA
Urka y Lucky
Es la segunda vez que lloro por la muerte de un perro. La primera vez fue por Minnie (nombre que luego heredaría la perrita de la familia que lo lleva actualmente) una cachorrita abandonada y que acogí en casa, a petición de mi hermana Eva. Pero ya era tarde, tenía la parvo- virosis y entre vómitos y defecaciones se le extinguió la vida en un par de días. No quise ver cómo la enterraban. Mi pareja de entonces, Juan, se encargó de ello, pero yo no puede dejar de llorar hasta que mis hermanas me llevaron a una tienda de animales y compramos a la actual Minnie. No sé muy bien por qué lloraba. Pero recuerdo que repetía sin cesar una frase: “No es justo… ahora que había encontrado un hogar…” La segunda vez ha sido hoy. Urka era una hembra de Bull Mastiff, llevaba menos de dos años en casa de Fernando (su dueño y amigo mío) y acababa de ser la feliz madre de cuatro cachorros, aunque uno no sobrevivió. Todo parecía haber ido bien, pero por lo visto no ha sido así. Hace unos días Urka (que por cierto, acabó perdiendo la “s” de su nombre, por un error en el registro de perros peligrosos, aunque ésta raza sólo lo sea en apariencia, porque son un pedazo de pan con patas…) empezó a estar alicaída hace unos días… pero nadie le dio mucha importancia, porque con el calor que está haciendo en éste mes de Agosto y tres cachorros que se te cuelgan de las tetas en cuanto te descuidas, la verdad es que no era para estar dando saltos de alegría. Pero por lo visto la cosa era más seria de lo que parecía y tras dos o tres días de vómitos y diarreas y una medicación que no ha hecho ningún efecto, hace unas horas Urka ha muerto. Tuvo una última expulsión tremenda de un líquido fétido y oscuro y dejó de respirar. Un amigo de Fernando que también cría perros, cuando ha sabido lo del líquido oscuro, le ha dicho que lo más seguro es que se le hubiese quedado dentro un cachorro que ya estuviera muerto y que no consiguió expulsar. Pobrecilla… Pero aún así, ha conseguido aguantar el tiempo mínimo para poder destetar a sus cachorros. Seguramente, éstos, andarán preguntándose por qué su madre ya no viene a meterse con ellos en la paridera para darles de mamar y luego echarse juntos la siesta. Y Lucky (su pareja y padre viudo a partir de ahora) seguro que también la va a echar de menos. Urka ahora descansa en un lugar precioso donde los árboles son tan altos, que le pinchan el culo a la luna y que conocen miles de historias que le contarán entre chasquidos de ramas secas. Y si es verdad eso que dicen, que los perros huelen la muerte, hoy habrá también una serenata perruna en su honor. Árboles y perros a coro, unidos a las lágrimas de tristeza que mojaron tu tumba y empañan éstas letras. Adios, Urka. No sabía que tu muerte me iba a afectar tanto y seguramente, te echaré de menos al no verte corriendo hacia la verja de entrada de casa de Fer, con ése meneo de culo tan característico tuyo. Adios, Urka. Y no te preocupes. Cuidaremos bien de tus cachorros… Adios, Urka…
Los cachorros de Urka Comments (9)
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